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La paradoja de Solow y el valor oculto del conocimiento

Foto nota La paradoja de Solow y el valor oculto del conocimiento

A principios de los años noventa, el economista Robert Solow formuló una observación que se convirtió en uno de los grandes enigmas de la economía contemporánea:

«Se ve la era de los ordenadores en todas partes menos en las estadísticas de productividad».

Las empresas invertían cantidades crecientes en tecnología informática, pero los datos macroeconómicos se empeñaban en no reflejar mejora alguna en el rendimiento. Nacía así la llamada paradoja de Solow —o paradoja de la productividad—, un rompecabezas que desconcertó a economistas y directivos durante toda esa década.

¿Cómo era posible que la revolución digital no se tradujera en ganancias visibles?
Las respuestas fueron múltiples, pero todas apuntaban en una misma dirección: se estaba midiendo mal. Las estadísticas tradicionales, diseñadas para capturar el valor de activos físicos —fábricas, maquinaria, infraestructuras—, eran ciegas ante la nueva riqueza que empezaba a dominar la economía: la información y el conocimiento.

El Nobel de Economía Gary Stanley Becker lo señalaba con claridad en 1996: mientras que la inversión en activos fijos representaba apenas el 15% del PIB de Estados Unidos, todo lo que repercute en la calidad del capital humano alcanzaba el 25%, desglosado entre gasto educativo, formación empresarial y gasto en salud.
https://www.scimagoepi.com/valor-de-la-informacion-y-el-conocimiento

Su conclusión era lógica: las estadísticas nacionales deberían incorporar la inversión en capital humano para ofrecer una imagen más fiel del desarrollo real de un país. En otras palabras, la contabilidad convencional ignoraba sistemáticamente el activo más valioso de la economía moderna.

Esta ceguera contable tuvo consecuencias prácticas muy concretas, y quizá ninguna tan ilustrativa como la fiebre de la reingeniería empresarial que sacudió a las corporaciones occidentales en los primeros noventa. Para muchos, la reingeniería de procesos era la panacea empresarial de la época, coincidiendo además con la descentralización informática y el paso a la arquitectura cliente/servidor.
https://www.scimagoepi.com/reingenieria-y-amnesia-corporativa
https://www.scimagoepi.com/conceptos-de-sistemas-de-informacion

Las empresas se sometían a procesos de reestructuración radical que, en la práctica, se traducían con frecuencia en despidos masivos. Y ahí residía el problema: al prescindir de empleados, la empresa perdía sus conocimientos, su memoria, su experiencia, sus contactos y su tacto —toda esa red de información informal que ningún sistema informático podía reemplazar. El articulista de The Economist que analizaba el fenómeno lo bautizó con un término elocuente: «amnesia corporativa».

Los datos posteriores confirmaron el diagnóstico. Una encuesta de la American Management Association concluyó que menos de la mitad de las empresas que se redujeron por la reingeniería desde 1990 obtuvo mejores beneficios que antes de la operación, y aún menos consiguió aumentar la productividad. La paradoja de Solow encontraba aquí parte de su explicación: no es que la tecnología no sirviera; es que se destruía conocimiento organizativo al mismo ritmo que se instalaban ordenadores. Claro que la informática de aquella época no tenía la usabilidad de la actual.

La lección que dejaron los noventa sigue siendo válida hoy. La tecnología es un amplificador, no un sustituto. Multiplica el valor del conocimiento acumulado en las personas, pero no puede generarlo por sí sola. Cualquier estrategia de transformación digital que olvide este principio está condenada a tropezar con la misma paradoja que desconcertó a Solow: más inversión, menos resultado visible. El problema nunca estuvo en los ordenadores, sino en no saber qué estábamos midiendo —y qué estábamos perdiendo.

Robert Merton Solow

 

Robert Merton Solow (1924-2023) fue un personaje fascinante: ganó el Nobel de Economía en 1987 precisamente por sus teorías sobre el crecimiento y la productividad, y su famosa frase sobre los ordenadores se ha convertido en una de las más citadas en economía. Lo curioso es que la paradoja acabó resolviéndose en parte a finales de los noventa, cuando la productividad estadounidense sí empezó a dispararse… justo cuando muchos economistas estaban a punto de abandonar la búsqueda de la respuesta. Foto: Olaf Storbeck, Wikipedia.