Ilustración: ChatGPT
Los vertiginosos avances de la IA y de la robótica hacen que muchos pensadores, comentadores y ensayistas escriban artículos sobre cómo ven el futuro de la Humanidad. Por desgracia, muchos de ellos describen escenarios sombríos.
Uno es el mil-millonario Ray Dalio, fundador de Bridgewater Associates, quien ha dedicado la mayor parte de su carrera a analizar cómo cambia la economía global con cada ciclo de auge y recesión, y las relaciones de poder entre los gobiernos y las grandes corporaciones.
En uno de sus escritos asegura: «El 10% de los que más ganan heredará el planeta y desarrollará un ciclo autosostenible de inteligencia y capital que apenas necesitará financiación adicional del público en general. La mayoría de la población se enfrentará a una carga tremenda. Su trabajo tendrá cada vez menos valor. Y podrán presenciar la historia sintiéndose completamente desconectados. La revolución de la IA es la etapa final del divorcio. Es el momento en que la máquina deja de necesitar al ser humano y la gente se pregunta cómo va a pagar el alquiler».
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Lo cierto es que la IA y la robótica podrían romper un patrón histórico. En revoluciones anteriores (la máquina de vapor, la electricidad, la informática), las máquinas reemplazaron algunos empleos, pero también crearon otros. Si la IA realizara la mayor parte del trabajo intelectual y los robots la mayor parte del trabajo físico, la demanda de mano de obra humana podría disminuir mucho más que en revoluciones anteriores.
La tendencia a que el trabajo tiene cada vez menos valor la venimos sufriendo en las últimas decenas de años, cuando nuestros sueldos no se han ido incrementando al ritmo del IPC y la mayoría hemos ido perdiendo poder adquisitivo.
Si el valor del trabajo tiende a cero, la pregunta es ¿necesitarán los dueños del capital al resto de la población?
Desde un punto de vista económico, sí, por varias razones:
- Necesitan consumidores. Si una pequeña élite posee todas las fábricas robotizadas, pero la mayoría no tiene ingresos, ¿quién compra los bienes? Un sistema capitalista necesita demanda. La riqueza no reside solo en la producción, sino también en la venta.
- Necesitan estabilidad política. Una sociedad con cientos de millones de personas sin perspectivas es muy difícil de gobernar durante décadas.
- Necesitan recursos que sigan siendo colectivos: infraestructura, energía, materias primas, instituciones, seguridad jurídica, etc.
Sin embargo, podrían necesitar mucha menos mano de obra que en la actualidad. Y esta diferencia es enorme.
Podría ocurrir algo así:
- Entre el 5% y el 10% de la población trabaja diseñando, supervisando o gestionando sistemas de inteligencia artificial y robots.
- Otro porcentaje, quizá un 15%, trabaja en profesiones donde el contacto humano sigue siendo importante: cuidados, educación, medicina, entretenimiento, gastronomía, turismo, arte…
- Al 70% restante le resulta muy difícil competir con máquinas que trabajan las 24 horas del día, no enferman y cuestan cada vez menos.
Este es el verdadero reto.
Dalio dice también que el sistema educativo actual es obsoleto. Estamos preparando a una generación de jóvenes para un mundo donde el trabajo intelectual será dominado por modelos que pueden hacerlo un millón de veces más rápido. Cuando un adolescente puede producir con una IA el mismo resultado que un graduado universitario, el valor económico de ese título universitario se reduce a cero.
¿Qué hará la gente común en el futuro?
Existen varios escenarios:
- Un nuevo contrato social. La productividad sería tan alta que parte de esta riqueza se redistribuiría mediante una renta básica (un sueldo mínimo para todos), dividendos ciudadanos, una drástica reducción de la jornada laboral o la participación pública en empresas de inteligencia artificial. Muchas personas dedicarían su tiempo a actividades creativas, familiares, científicas o comunitarias.
- Una sociedad dual. Una minoría acumularía casi toda la riqueza, mientras que la mayoría viviría con subsidios mínimos y escasas oportunidades. Este es el escenario descrito por Ray Dalio.
- Adaptación continua. La inteligencia artificial elimina algunas profesiones, pero crea otras que hoy ni siquiera podemos imaginar. Este es el argumento de muchos economistas, aunque esta vez la velocidad del cambio podría ser mucho mayor.
Quizá el escenario más probable se encuentra en algún punto intermedio entre el primero y el tercero. No porque sea más deseable, sino porque la historia demuestra que las sociedades tienden a cambiar sus instituciones cuando una tecnología transforma radicalmente la producción. La educación pública, las pensiones y la jornada laboral de ocho horas también parecían impensables antes de las revoluciones industriales.
Hay un aspecto psicológico que incluso es más preocupante que el económico. Durante siglos, el trabajo no solo ha proporcionado ingresos, sino también identidad, reconocimiento y sentido a la vida. Si la mayoría de las personas ya no son necesarias para producir riqueza, tendremos que responder a una pregunta muy profunda: ¿qué significa vivir una vida plena cuando el mercado ya no necesita nuestra mano de obra? Esta podría ser una transformación cultural tan importante como la económica.
También deberíamos considerar un escenario menos extremo que el que sugieren algunos estudios. La inteligencia artificial podría reducir tanto el costo de bienes y servicios que una vida digna requeriría mucho menos dinero que hoy. Si los costos de la energía, el transporte, la manufactura y algunas viviendas se abaratan enormemente gracias a la automatización, el problema no será el desempleo, sino cómo se distribuye el acceso a esta abundancia.
En última instancia, el futuro dependerá menos de la IA y más de las decisiones políticas y sociales. La tecnología puede generar una riqueza enorme. La cuestión no es si esta riqueza existirá, sino quién la poseerá y cómo se distribuirá. Esta es una cuestión de instituciones, impuestos, propiedad del capital y regulación, no de algoritmos.
Quizá no sea correcto afirmar que «la máquina dejará de necesitar al ser humano». Los propietarios de las máquinas pueden dejar de necesitar nuestro trabajo, pero las sociedades siguen estando formadas por personas. La gran incógnita es si construiremos un sistema en el que la productividad extraordinaria de la IA beneficie a una minoría o se convierta en una fuente de prosperidad mucho más amplia. Esa decisión aún está abierta.
Tomàs Baiget, Editor
Ediciones Profesionales de la Información
SCImago Research Group
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