En el mundo académico predomina el concepto de la bibliografía como si fuera una base de datos (para medir), olvidando que también es una biblioteca (para interpretar).
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Un artículo publicado en el blog de la London School of Economics plantea una pregunta interesante: ¿debemos entender la bibliografía científica como una biblioteca o como una base de datos? Esta distinción no es trivial, porque implica dos formas muy distintas de producir, organizar, tratar y evaluar el conocimiento.
Si en una biblioteca se identifica que un libro tiene errores, ningún bibliotecario en su sano juicio marcaría las páginas con la palabra ERRÓNEO. En cambio, cuando se descubre un artículo que tiene errores en una base de datos sí se marca su referencia y cada página como ERRÓNEO o RETRACTADO.
En la visión clásica de biblioteca, la bibliografía es un corpus interpretativo: los artículos son contribuciones argumentativas que dialogan entre sí, se leen en contexto y construyen significado acumulativo. En cambio, la visión de base de datos tiene tendencia a concebir más los artículos como registros estandarizados, comparables y procesables automáticamente, lo que facilita su explotación mediante métricas, rankings y análisis bibliométricos.
El problema, según los autores del post, es que en las últimas décadas ha predominado la lógica de base de datos. Esto ha favorecido sistemas de evaluación basados en indicadores cuantitativos (citas, índices, rankings), que simplifican el contenido científico y tienden a ignorar su dimensión interpretativa. Como resultado, la literatura deja de leerse como un conjunto de argumentos y pasa a ser tratada como un conjunto de “datos” explotables.
Los autores no rechazan las bases de datos, pero advierten del riesgo de reducir la ciencia a métricas. Proponen recuperar el equilibrio: reconocer que la literatura científica es simultáneamente infraestructura de datos y espacio intelectual. Esto implica reforzar prácticas de lectura crítica, evaluación cualitativa y contextos disciplinares, evitando que los indicadores sustituyan al juicio académico.

