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Los profesionales de la información deben dirigir el cambio

Por Jo Lyon

Parece que realmente los usuarios finales –después de tantos años de hablar de ello– empiezan a hacer sus propias búsquedas de información, cosa que posibilitan varias interfaces de búsqueda de sistemas comerciales. Si saben dominar la situación, los profesionales de la información tienen un importante papel a jugar en esta transición, y ello puede reportarles el reconocimiento de sus cualidades y aptitudes. Si no saben o la ignoran están en serio peligro de ser apartados del ciclo de la información.

Es en las grandes organizaciones (compañías, bancos, universidades, hospitales, etc.) donde se está produciendo más la transición intermediario –> usuario final de manera que éste busca la información que necesita y la mayoría de las veces la encuentra sin ayuda del especialista.

El fenómeno es antiguo, pero su generalización ha tenido lugar gracias a la aparición de las tecnologías groupware (v. Lluís Codina «Lotus Notes, Internet y la gestión documental en la empresa», IWE-45, junio de 1996, pp. 19-23) e intranet (v. «Intranet» en este número IWE-48):
https://www.scimagoepi.com/lotus-notes-internet-y-la-gestion-documental-en-la-empresa
https://www.scimagoepi.com/intranet

«No podemos ignorar el hecho del usuario final», dice Marie France Bourretere, jefa de información de Elf Aquitaine, París. «Todo el mundo tiene un PC y pronto todo el mundo lo tendrá conectado a un módem -bien directamente o bien a través de la red local de la institución- lo cual le permitirá tener acceso donde quiera».

Los especialistas de información en las grandes empresas, dice, tienen que tratar de involucrarse activamente en este proceso sin tardanza, desde su inicio.

«No podemos inhibirnos del proceso de cambio. Si todos empiezan a conectar a fuentes de información distintas donde y cuando quieran, la compañía acabará pagando mucho más dinero y, lo que es peor, sin ninguna garantía de calidad».

Cree que los profesionales de la información tienen dos misiones principales:

  1. Formar a los usuarios finales para que accedan correctamente a las fuentes de información adecuadas.
  2. Trabajar como consultores junto a los informáticos, tanto para diseñar servicios de información internos como para abrir las intranets a fuentes externas de calidad garantizada.

La primera misión es tanto más importante cuanto más especializada es la temática, puesto que usualmente es preciso que sea el propio usuario final quien realice la búsqueda del tema particular de que se trate.

Sin embargo aquí se choca con dos problemas:
‑ Aunque se van produciendo continuos avances, algunas bases de datos todavía son demasiado complicadas para ser consultadas por los usuarios finales.
‑ Todos los proveedores deberían ofrecer una tarifa tipo suscripción, o sea, un pago fijo para uso ilimitado (independientemente de que conserven otras estructuras de tarifas por tiempo o por registro extraído).

Resistencia al cambio

Christine UrquhartChristine Urquhart ha elaborado el informe The value to clinical decision making of information supplied by NHS Library and Information Services que el British Library Research Innovation Centre (antes BL R&D Dept.) encargó a la University of Wales, en Aberystwyth (NHS es el National Health Service o servicio de sanidad nacional británico):

«Una de las áreas que exploramos fue las actitudes en relación a la búsqueda por parte del usuario final tanto entre los médicos como entre especialistas en información», explica. «Claramente hay un conflicto entre los puntos de vista de ambos colectivos».

Éste fue el resultado de una encuesta hecha a 30 bibliotecas médicas.

«La opinión de los profesionales de la información sobre la competencia de los usuarios finales varía mucho», dice. «Aunque nos estemos refiriendo al mismo tipo de gente, o los médicos cambian mucho de un lugar a otro o los puntos de vista de los bibliotecarios son diferentes. Yo me imagino lo último: hasta cierto punto creo que sólo ven lo que quieren ver».

Si se pregunta a los médicos, el resultado es completamente distinto:

«La mayoría, en especial los investigadores, prefieren llevar a cabo sus propias búsquedas –mucho más de lo que puede deducirse hablando con los bibliotecarios».

¿Por qué la discrepancia?

«Algunos tienen opiniones pesimistas sobre la habilidad de los usuarios», dice, «pero creo que a muchos les va en ello el orgullo profesional. Una bibliotecaria me dijo: ‘No podemos dejar que hagan sus búsquedas ya que es la única ventaja que tenemos sobre ellos para poder seguir manteniendo nuestra posición de superioridad en esta materia’.

Me quedé atónita pero creo que sus palabras reflejan una opinión bastante generalizada, dice Urquhart.

¿Por qué algunos profesionales se empeñan en conservar las treas rutinarias? Transfirámoslas a los usuarios finales antes de que nos asfixien

Señala que en algunos aspectos las bibliotecas médicas están mucho más atrasadas que las de, por ejemplo, enfermería, ya que éstas han luchado mucho para conseguir que los estudiantes aprendan el uso de las fuentes de información como parte del mismo currículum escolar. En consecuencia salen profesionales mucho más «puestos» en información.

Jonathan SmartEsta tendencia se percibe aún más en las universidades, explica Jonathan Smart, del Servicio de desarrollo educativo de la Univ. of Plymouth, Reino Unido:

«En las bibliotecas académicas tenemos que implicar a los usuarios finales como parte del desplazamiento general hacia la enseñanza centrada en el estudiante. Nuestra universidad se parece mucho más a una universidad abierta o a distancia, con métodos flexibles de impartición de clases (web y telemática en general)».

Enseñemos, asesoremos y reservémonos
Una característica clave del cambio es el nuevo enfoque hacia la autonomía en la búsqueda de información. Se trata de transferir los conocimientos necesarios cuanto antes.

«A los estudiantes les digo: por qué no usáis el tiempo que pasáis aquí como una inversión, una forma de aprender a buscar y gestionar información, cosa que cada vez es más importante en las organizaciones empresariales.

Les encargamos un proyecto de investigación y les hacemos pensar lateralmente: ‘si no puedes encontrar lo que buscas en un libro, prueba en un cd‑rom; si aquí tampoco, prueba Internet’ –así les creamos una cartera de posibles fuentes de información. Éste es el camino a seguir», añade Smart.

«En vez de que los estudiantes lleguen, echen un vistazo y luego pregunten al primer bibliotecario-documentalista que encuentren, hay que formarles para que sepan buscar la información por sí mismos. Esto significa que la etapa en la que necesiten realmente la ayuda de un profesional de la información llegará mucho más adelante y sólo será algo excepcional».

Como parte de este enfoque, Smart ha realizado un paquete de enseñanza asistida por ordenador llamado Cómo documentar y desarrollar un estudio (Researching an assignment).

«En vez de concentrarse en el contenido –qué fuentes se necesitan– el acento se pone en el proceso mismo», explica. «Nos ha dado un resultado bastante bueno».

«También nos dedicamos sistemáticamente a explicar a los empresarios la existencia de los especialistas en información y qué beneficios pueden obtener con ellos. Ha sido sorprendente descubrir cómo llegamos a unas conclusiones comunes: los licenciados del siglo 21 tendrán que conocer mucho mejor la información relacionada con su campo de actividad (fuentes, acceso, búsqueda, tratamiento, etc.), y esto dará lugar a un gran cambio.

Naïf se entiende con naïf
Así mismo, los editores son conscientes de este mar de cambios y muchos de ellos ya están llevando a cabo productos diseñados especialmente para usuarios finales, con un enfoque distinto del que están tomando los hosts con sus interfaces tipo Windows como, por ejemplo, KR ProBase de Knight Ridder.

«Hay un montón de proyectos en marcha», explica Martin Hyndman, gerente de desarrollos digitales en Sweet & Maxwell Ltd. «Todos los editores de información profesional –incluidos los de ciencia, tecnología y medicina, STM– han iniciado el proceso de enriquecer sus productos en texto completo con marcas sgml (standardized general mark-up language) como paso previo a su distribución electrónica».

Hyndman ve como una ventaja el hecho de que los nuevos editores desconozcan los primitivos sistemas online, puesto que de esta forma, habiendo sido ellos mismos usuarios potenciales, están en mejores condiciones de diseñar productos nuevos que incorporen ya desde su raíz las necesidades de los usuarios finales.

«Creo que aparecerán productos que combinarán el álgebra booleana, las marcas sgml y los tesauros para ofrecer a los usuarios finales una interface de búsqueda sencilla que tendrá la misma potencia de recuperación de información que los lenguajes de los actuales hosts online».

Para la mayoría de los profesionales de la información estos cambios darán lugar a más oportunidades que peligros.

Anne Jordfald«Está claro que nuestro papel está cambiando», dice Anne Jordfald (en la foto), jefa de documentación del Fondo Noruego para el Desarrollo Regional e Industrial.

«Por ejemplo, desde este otoño todos nuestros usuarios tienen acceso a Internet y nuestra tarea a este respecto sólo es asesora, enseñándoles cómo y dónde conectar, listas a las que suscribirse, etc.»

De momento lo que tratamos de hacer es definir nuestra nueva función.

«Continuaremos siendo un enlace entre el usuario final y la información, pero más pro-activos, animando que sean los usuarios quienes hagan las búsquedas. Hemos empezado a construir una gateway con enlaces a las fuentes de mayor interés para ellos –aunque me temo que muchos se sentarán aquí durante horas y no encontrarán lo que necesitan–».

Todo está en un estadio muy inicial pero Jordfald se muestra optimista.

«Tengo verdadera curiosidad por ver qué va a pasar. Es evidente que los profesionales tenemos unos conocimientos muy sofisticados sobre la información, que contrastan con el actual ‘analfabetismo’ de muchos usuarios. Estoy segura de que se solicitarán nuestros servicios para realizar nuevas tareas, pero no puedo aventurar en qué escenario o en qué situación».

A veces nuestro supuesto perfeccionamiento nos mantiene demasiado atados a las primorosas fichitas, aunque éstas sean electrónicas

Barry MahonBarry Mahon, director ejecutivo de Eusidic (European Association of Information Services), dice que los usuarios han ido aprendiendo y que ahora tienen ideas mucho más precisas sobre qué quieren. También valoran más cuánto cuesta conseguir una información (el trabajo intelectual añadido a la misma por los especialistas).

«La gente de informática y telecomunicaciones de las organizaciones sólo sabe hardware y software«. Pero el mindware –el alimento de la mente, la información– la suministra el documentalista, y esto representa una oportunidad fantástica: no quitar el polvo a los libros de las estanterías ni realizar rutinarias búsquedas online para otros, sino actuar como profesional diseñador de sistemas de información. Ahí está el futuro del actual bibliotecario-documentalista».

 

 

 

Esta información se publicó en la revista Information World en Español (IWE), n. 48, octubre de 1996, pp. 8-9.