Por Tomàs Baiget
Pascual Segura Cámara, director de la Biblioteca de Patents CIDEM/UB.FBG. Las siglas corresponden al Centre d’Informació i Desenvolupament Empresarial, (de la Generalitat de Catalunya), la Universitat de Barcelona, y la Fundació Bosch i Gimpera.
Foto: Tomàs Baiget
Sobre el mundo de la propiedad intelectual/industrial y su relación con la información, hemos mantenido una conversación con Pascual Segura Cámara, profesor de la Universitat de Barcelona (UB) y presidente de su comité de propiedad industrial, el cual se encarga, junto con Bernabé Zea Checa y Núria Sans Solanich, del servicio público denominado Biblioteca de Patents CIDEM/UB.FBG.
IWE publica cada vez con mayor frecuencia noticias sobre copyright y sobre patentes, hasta el punto que algún lector nos ha preguntado si es que no es exagerado hablar ahora tanto de estos temas. ¿A qué crees que se debe el interés actual por la propiedad industrial e intelectual?
– Todos sabemos la gran importancia actual de la información y de su transmisión, la comunicación, el control de las cuales se ha convertido en uno de los principales instrumentos de poder. ¿No decimos que estamos en la era de la información y la comunicación? Pues bien, cuando la obtención de la información conlleva una gran inversión económica, su protección se convierte en esencial para intentar recuperar dicha inversión. Hay veces en las que la información puede explotarse manteniéndola en secreto, o sea, protegiéndola mediante los llamados secretos comerciales e industriales (know how, o conjunto de conocimientos necesarios para hacer algo). Pero en muchas ocasiones la explotación de la información implica el acceso público a la misma y, en este caso, la única forma de protegerla es mediante el complejo sistema de los llamados derechos de propiedad industrial e intelectual, lo que los anglosajones denominan conjuntamente intellectual property rights. Además, dada la globalización de la economía, la existencia y respeto de estos derechos a escala mundial se ha convertido en un problema de política comercial internacional, lo que explica la inclusión de un capítulo específico sobre estos temas en la recientemente aprobada Ronda Uruguay del GATT (General Agreement on Tariffs and Trade).
¿Permiten estos derechos proteger las ideas de las personas?
– La única manera de proteger una idea es manteniéndola en secreto, con lo que difícilmente podría explotarse. Lo que legalmente se protege es una determinada expresión de dicha idea, en la forma de algún tipo de información. Cuando la información es un signo (letras, gráficos o ambos) que distingue un producto o un servicio de otro similar, se protege mediante una marca. Cuando la información se refiere a los aspectos estéticos u ornamentales de un producto industrial, se protege mediante un diseño (modelo o dibujo) industrial. Si la información es técnica, o sea, se refiere a cómo funciona un determinado producto o proceso, entonces se protege mediante una patente o un modelo de utilidad (una mini-patente, para entendernos).
El resto de frutos de la creatividad humana se protege mediante el derecho de propiedad intelectual, principalmente el derecho de autor (copyright), que tanta importancia está tomando en la actualidad con el tema de las copias de programas de ordenador, las fotocopias de libros y la duplicación de música y películas.
Existe también el llamado derecho a impedir la competencia desleal, el cual protege frente a ciertas prácticas consideradas desleales (imitaciones que confunden, publicidad comparativa que engaña, etc.). La complejidad de la protección de todos estos tipos de propiedad se deriva del carácter inmaterial del objeto protegido, la información, que no puede guardarse en una caja fuerte.
¿Y qué hacéis exactamente en la Biblioteca de Patents?
– Parte de nuestro tiempo lo dedicamos a dos actividades ajenas a la biblioteca: por una parte a la docencia y, por otra, a la práctica interna como agentes de patentes para la Universidad de Barcelona (UB) y mediante sendos convenios para la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC) y la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB).
En lo que se refiere a la actividad propia de la biblioteca, hacemos tres tipos de faenas:
- En primer lugar, por teléfono o en persona, hacemos de “agentes de tráfico”, dirigiendo al público despistado muy abundante hacia la modalidad de protección legal adecuada. ¡Es sorprendente ver cuánta gente quiere “patentar” un nombre, un juego, un programa de ordenador, una idea comercial o un diseño, por poner algunos ejemplos ajenos a la técnica y, por lo tanto, no patentables.
- En segundo lugar, informamos en detalle sobre el funcionamiento del sistema de patentes, recomendando siempre la realización previa de una búsqueda del estado de la técnica y, en el caso de seguir adelante con la patente, la redacción y tramitación de la misma a través de un agente de la propiedad industrial.
Por último, realizamos por encargo todo tipo de búsquedas relativas a patentes, que principalmente responden al problema de saber si una invención propia es patentable o no, y de si una actividad propia puede infringir o no alguna patente anterior de otro. En 1993, por ejemplo, Bernabé Zea Checa (foto izquierda), con ayuda de Núria Sans Solanich, hizo unas trescientas búsquedas de este tipo, todas acompañadas de un informe comentado y, en la mayoría de casos, del suministro de las patentes pertinentes.
A propósito, ¿qué opinas de la llamada “patente multimedia”?

Esquema inicial de la patente US 5,241.671 “Sistema de búsqueda multimedia que usa una pluralidad de vías de entrada que indican interrelaciones de información”
– Después de leer vuestra interesante noticia en IWE-21, febrero 1994, p. 13, he hojeado la patente norteamericana US 5.241.671, concedida a Encyclopaedia Britannica, Inc., así como su solicitud PCT (Patent Cooperation Treaty) equivalente, nº WO 91/06916 que designa al Japón, a Canadá y a los principales países europeos.
Yo creo que ninguna de estas patentes resultará válida ante los tribunales, pues su objeto es más un algoritmo mental, una forma de presentar la información, que una verdadera invención técnica. Es significativo que en el informe sobre el estado de la técnica que acompaña a la solicitud PCT menciona 15 documentos anteriores clasificados con “X” o “Y”, lo que significa que probablemente atentan contra la patentabilidad de la invención. Pero no me sorprende que la oficina norteamericana haya concedido esa patente, pues ya sucedió algo similar en 1988 con una patente de AT&T sobre otro algoritmo, en aquel caso para controlar el tráfico. En cualquier caso es comprensible el “terror” en el sector multimedia, pues la patente en los EUA ya está concedida y, mientras no se demuestre lo contrario, se presume válida.
Precisamente un problema del sistema norteamericano de patentes, que se intenta corregir desde la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI), es el de que no se publica la solicitud de la patente antes de la concesión, con lo que no se permite la oposición de terceros que se sientan perjudicados.
¿Por qué le llamáis “biblioteca” a vuestro servicio de documentación?
– Verdaderamente no se entendería por lo que he dicho antes. Pero es que además poseemos un importante fondo documental, único en su género. Por una parte, tenemos más de tres millones de documentos de patentes, entre solicitudes y concesiones españolas, europeas, norteamericanas y PCT, principalmente en soporte cd-rom. Además, hay cerca de un millar de libros y se mantiene la suscripción a más de treinta revistas de propiedad industrial e intelectual. En realidad, la nuestra es la única biblioteca de propiedad industrial de Cataluña, y una de las tres únicas de España (las otras dos están en la Universidad de Santiago y en la propia Oficina Española de Patentes y Marcas, en Madrid). El nombre de “biblioteca” es también coherente con el hecho de que somos la única institución española integrada en la red de European Patent Libraries, auspiciada por la Oficina Europea de Patentes.
Todo esto de las patentes es como muy complicado a los ojos del profano. ¿Serías capaz de sintetizar y aclarar las ideas básicas? Por ejemplo, ¿cuáles son los pasos a seguir para obtener una patente?
– Yo resumiría esquemáticamente todo el proceso en esta serie de auto-preguntas, cada una de las cuales requiere una respuesta afirmativa para pasar a la siguiente:
- ¿Tenemos una invención?
O sea, ¿tenemos una solución técnica a un problema técnico que grande o pequeña, genial o modesta pueda ser útil en la industria o el comercio? - ¿Funciona?
Necesitamos alguna prueba o dato experimental que nos permita describir al menos un ejemplo de realización. Una invención “sobre el papel” todavía no está bastante madura para ser patentada. - ¿Puede tener interés comercial?
Hemos de tener fundadas expectativas de poder llegar al mercado, o sea, de que nuestra invención se venda o se incorpore en un producto o proceso industrial. Una patente que no explotemos habrá sido una inversión fallida, como un billete de lotería que no haya tocado. - ¿Podremos evitar que nos la copien?
Si la invención no puede copiarse, ¿para qué patentarla? Seguramente nos resultaría más valiosa como know how, bien explotado por nosotros, o bien licenciado. En el caso de que la invención sí que se pueda copiar, sólo hemos de patentarla si confiamos en poder detectar y perseguir al eventual infractor, y estamos dispuestos a gastarnos dinero en ello. - ¿Es patentable?
El análisis de los documentos (estado de la técnica) localizados mediante una búsqueda en bases de datos accesibles online o en cd-rom, ha de indicar que nuestra invención es nueva y no obvia a nivel mundial. - ¿La patentamos?
Si decidimos hacerlo, es recomendable que la solicitud sea redactada y tramitada por un agente, en colaboración con los inventores. Para adquirir el derecho de prioridad internacional basta con solicitarla en España. - ¿La extendemos? ¿Vendemos su derecho de prioridad?
Dentro de los 12 meses de prioridad hemos de decidirnos entre patentar en el extranjero (lo cual puede representar una inversión económica considerable), o bien localizar empresas que nos compren el derecho para patentar a su nombre en el extranjero. Si no conseguimos ninguna de las dos cosas, tenemos tres alternativas: abandonar la solicitud y volverla a presentar para seguir intentando lo mismo; contentarnos con obtener una patente sólo en España; o abandonarlo todo y olvidarnos del tema.
Así en términos generales, y a largo plazo, ¿no resulta nocivo el sistema de patentes? ¿No es un perjuicio para la sociedad al impedir la divulgación de la información?
– ¡En absoluto! Precisamente las patentes se prefieren socialmente a los secretos industriales porque implican la publicación de la invención. Así, desde el primer momento, el público puede beneficiarse de la información contenida en la solicitud de patente. No hay documentos de acceso más fácil que las patentes: están perfectamente clasificadas e indizadas en bases de datos, es sumamente sencillo obtener copias de ellas, tienen todas la misma estructura y un estilo muy parecido; eso sí, se publican en el idioma oficial de cada estado. De hecho, los artículos son mucho menos accesibles que las patentes, y no digamos nada de la llamada “literatura gris”.
Pero, ¿no es cierto que algo publicado ya no puede patentarse?
– Sí, pero es una cuestión de secuencia temporal: patentar y publicar de otra manera no son alternativas excluyentes; pero se requiere que la primera solicitud de patente (la prioritaria) se presente en una fecha anterior a la de cualquier otra publicación. Excepto en los EUA, Japón y Australia, donde los inventores tienen un período de gracia para publicar antes de patentar, de doce o seis meses, en todo el mundo se requiere que una invención patentable sea absolutamente nueva, es decir, que no esté comprendida en el llamado estado de la técnica o estado del arte. Éste se define como todo lo que antes de la fecha de prioridad se haya hecho accesible al público, en cualquier país, en cualquier idioma y por cualquier medio (publicación escrita, exposición oral, utilización, etc.). En las empresas suele suceder que la primera divulgación de una invención es la propia de una solicitud de patente, que se publica a los 18 meses de la prioridad.
¿Y cuándo se considera que un artículo se ha hecho accesible al público?
– En la fecha que realmente se haya distribuido la revista. El proceso de revisión y edición científica es tácitamente confidencial, así como la presentación de proyectos de investigación a agencias oficiales o la comunicación interna dentro de un grupo de investigación. No son confidenciales las comunicaciones en congresos (orales o mediante póster o abstracts) ni las lecturas de tesis doctorales o de trabajos de fin de carrera.
¿Se consultan mucho los documentos de patente?
– En ambientes académicos, no, pues el interés principal suele ser la investigación científica pura, no la investigación aplicada o el desarrollo tecnológico. Pero en ambientes industriales las patentes son, con diferencia, la fuente de información más usada. Esto es lógico pues un porcentaje muy alto (el 70 %, según un estudio) de la información publicada en forma de patentes no se vuelve a republicar en ninguna otra fuente de información. Además, cuando se trata de información de interés industrial o comercial, la publicación en patentes va entre tres y cinco años por delante en el tiempo, de la posible publicación en artículos o actas de simposios. ¡La de veces que sorprendemos a los profesores de universidad con información que ellos desconocían, localizada mediante las bases de datos de Derwent!
¿Alguna anécdota para acabar esta entrevista?
– Recuerdo una que podríamos titular “el colmo del cliente insatisfecho de un servicio de documentación”. Fue un caso, afortunadamente singular, relacionado con los inventores individuales, entre los que lamentablemente es poco frecuente hacer búsquedas antes de ponerse a “inventar”. En nuestra experiencia, en más del 90% de las búsquedas realizadas para estos clientes se encuentra que el pretendido invento ya era conocido y que, por lo tanto, no resulta patentable. Generalmente el inventor se lleva una desilusión, pero acepta la evidencia.
Sin embargo, en un caso el inventor protestó enérgicamente a Bernabé Zea, e incluso lo denunció ante los que creía eran sus superiores, exigiéndole cambiar el contenido de su informe:
“¡Cómo es posible –argumentaba el insatisfecho inventor– que un simple documentalista se atreva a decir que mi invento no es patentable, cuando ha recibido tantos elogios por parte de las autoridades, ha salido tantas veces en los medios de comunicación, e incluso ha ganado una medalla de oro en una feria internacional de inventos!”
El asunto tomó tintes preocupantes y tuve que intervenir personalmente, comprobando que efectivamente el pretendido invento, aunque no estaba en el mercado, ya se había descrito antes en más de una docena de patentes. También tuve que explicar que, obviamente, si lo que se deseaba era no encontrar anterioridades, la estrategia a seguir por el documentalista era la más fácil y barata de todas: ¡no buscar en absoluto!
Pascual Segura Cámara. Biblioteca de Patents CIDEM/UB.FBG.
Edificio de la Facultat de Física i Química, Diagonal 647, 08028 Barcelona.
Tels.: +34-3-339 37 02 / 411 15 77; fax: 411 26 11
Fotos: Tomàs Baiget
—
Esta información se publicó en la revista Information World en Español (IWE), n. 23, abril de 1994, pp. 16-19.