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El bibliotecario ante Internet

Por María Fernanda Peset Mancebo y María Pilar Montañana Ros

Fernanda Peset Pilar Montañana

 

 

 

 

 

 

Fernanda Peset y Pilar Montañana

El 25 de mayo de 1995 se celebró en la Universitat de València la mesa redonda “Internet: ¿moda, divertimento o instrumento de trabajo?

En ella intervinieron:

Jordi Adell Segura, profesor de Educación en la Universitat Jaume I (UJI), de Castelló;
Antoni Bellver Torlà, subdirector del Centre Informàtic de la UJI;
Josep Lluís Canet Vallés, director del Servei d’Informació Bibliogràfica (SIB) de la Universitat de València;
Maria Victoria García‑Esteve, directora técnica del SIB;
José Llorens Sánchez, director de la Biblioteca General de la Universitat Politècnica de València, y
Alfonso Rodríguez Moreira, documentalista del Centre de Documentació Europea, de Valencia.

Como moderadoras actuaron Pilar Montañana y Fernanda Peset, bibliotecarias del SIB de la Universitat.

Internet es un tema de moda, a juzgar por su presencia casi diaria en los medios de comunicación aunque muchas veces se trata de forma distorsionada. Todo columnista o redactor que se precie de avanzado tiene que hablar de Internet, y con demasiada frecuencia observamos inexactidudes y, en general, poco rigor: más ciencia ficción que realidad.

Si relacionamos Internet con bibliotecas la cosa empeora mucho más. Acostumbrados a la vertiente lúdica que nos venden los medios, ¿hay espacio para las bibliotecas? Parece que entramos en un mundo de ciencia ficción. Entonces nos planteamos varios interrogantes:

– ¿puede considerarse Internet un instrumento de trabajo?
– ¿qué valor tiene la información que circula par la Red?
– ¿o sólo el papel y los «venerados» cd-roms son soportes valiosos de información?

Y si realmente se considera un canal de información, ¿qué pensamos hacer como gestores de información con esa ingente cantidad de documentación que navega por la Red? ¿la ignoraremos?, ¿la organizaremos? ¿la integraremos en nuestros catálogos?, ¿y como?

– nosotros mismos, como especialistas en el tratamiento de la información, ¿que papel queremos asumir en la problemática de navegar en el caos que es hoy día Internet para muchos de nosotros? Porque cualquiera que haya entrado en Internet habrá experimentado la frustración de no encontrar lo que busca… Entonces, ¿estamos perdiendo el tiempo cuando buscamos información en la Red?

¿nos vamos a implicar en la facilidad de uso de la Red o esperaremos a que otros nos lo enseñen y nos den trazado el camino?

– ¿por que vamos a seguir parados cuando, como es el caso de las bibliotecas universitarias, nuestros ordenadores son ya ventanas a Internet, es decir, ventanas al mundo? ¿Saldremos por fin de nuestro secular aislamiento?

La profesión adquiere nuevas dimensiones
Hoy en día, la conectividad, la cooperación, la filosofía de compartir recursos eternamente enunciada, puede concretarse ya, puesto que cada vez somos más los que estamos en la misma red (de redes). Tal vez podamos evitar que cientos de bibliotecarios cataloguemos el mismo libro desde distintos puntos. Tal vez … Por todo ello no parece exagerado afirmar que nos hallamos ante un salto cualitativo en el concepto de biblioteca y en el papel del bibliotecario. La biblioteca rompe sus muros y el papel del bibliotecario también cambia. Ya no somos solo responsables de los fondos que alberga nuestra biblioteca. También podemos actuar como canales de acceso a información actualizada independientemente de su localización geográfica. Podemos, incluso, dar un paso más y convertirnos en elementos activos.

Quizá los bibliotecarios, concentrados en sus tareas catalogadoras, no piensan en las necesidades de los usuarios

Aglutinar los recursos secularmente diseminados en nuestras bibliotecas o en el mapa bibliotecario es un trabajo a asumir. No sólo podemos mostrar nuestros ya famosos catálogos online, sino también información sobre el uso de la biblioteca, fondos especiales, los gráficos antiguos pueden integrarse en Internet mediante instrumentos como la Web. Con ellos, quizá, nuestros usuarios, los reales y los virtuales, vean facilitado el acceso a la información, a unos recursos infrautilizados en muchos casos por su dispersión.

Nos preguntamos por que cada libro es catalogado cientos de veces en bibliotecas distintas

Por lo tanto, tendremos que enseñar a nuestros usuarios a familiarizarse con estos instrumentos. Así como aprender a desarrollar la profesión en contacto con otros profesionales. Internet aporta instrumentos, como el correo electrónico, que pueden dinamizar la comunicación entre nosotros.

Para debatir sobre estos temas y para intentar aclarar las numerosas dudas que navegan por nuestras mentes invitamos a los miembros de la mesa.

Tras las sucesivas intervenciones de los invitados se suscitó una serie de polémicas en torno a los tópicos que rondan la idea de Internet y las bibliotecas. A continuación resumimos algunos de los puntos mas destacados:

Necesidad perentoria de optimizar esfuerzos
Todos los bibliotecarios nos preguntamos por qué cada libro es catalogado cientos de veces en bibliotecas distintas cuando ya estamos en red. Todavía hoy, no todos los que estamos en red podemos capturar registros. En el mejor de los casos, hay bibliotecas que, gracias a tener el mismo programa de gestión, pueden hacerlo; u otros casos más avanzados. Si no nos encontramos en ninguno de los supuestos mencionados, diariamente nos dedicamos a esta preciosísima forma de perder el tiempo que nos lo resta para dedicarnos a labores de referencia y al usuario. Al respecto se argumentó:

– En el caso de instituciones públicas en principio no habría problemas económicos. Sin embargo, muchas bibliotecas consideran todavía su catalogo como patrimonio.

Bibliografías actualizadas, no listados en formatos ilegibles que han de ser tratados a posteriori para su presentación

– Desde el punto de vista informático (A. Bellver) se dijo que es posible, mediante unos meta protocolos que funcionan de manera independiente al software utilizado. Ahora bien, nadie ha encargado a un grupo de informáticos que se preocupen prioritariamente de ello. Recordemos que nuestro «característico» formato MARC se instauró con la finalidad de intercambiar registros…

La formación de usuarios/as
Es urgente, ya que se están infrautilizando unos recursos informativos por desconocimiento de las formas de acceso. La Universidad puede incorporar en los nuevos planes de estudios créditos que versen sobre las aplicaciones Internet para la búsqueda de información. En caso contrario estamos perdiendo el carro del progreso (J. L. Canet). Pero nos preguntamos quién impartirá estos cursos: ¿profesores con inquietudes? o ¿nos corresponde a las/os bibliotecarias/os?

La formación de bibliotecarias/os
Nuestros ordenadores son ventanas a Internet…, pero ¿nos enseñan o nos enseñarán a navegar por la red? ¿Por qué nos enseñaron sin dudarlo el software de catalogación y no las formas de recuperación de información? ¿Quieren reducirnos a tareas de catalogación? ¿O simplemente nos dejan solos ante el peligro con la única compañía de nuestra dirección IP?

Al respecto se dijo:

– No se requiere formación sistemática. Es preferible el autodidactismo institucional o las experiencias piloto (J. Llorens). Pero si aun hoy día somos catalogadores a tiempo completo, ¿cuándo podemos realizar esos proyectos o «perder el tiempo» auto instruyéndonos?

La nueva/o bibliotecaria/o

– ¿Qué espera el usuario de nosotros?

En este punto J. Adell asumió el papel de usuario e insistió en lo que necesita de un bibliotecario:
* Que sea un especialista en información, un mediador que le tenga al día.
* Que le enseñe a obtener la información que busca.
* Que le ofrezca bibliografías actualizadas, no listados en formatos ilegibles que han de ser tratados a posteriori para su presentación.
* Que organice el caos que es Internet, se familiarice con la información volátil y haga fácil el uso de la red.
* Que genere nuevos productos de información, productos electrónicos. Cada día más las bibliotecas tendrán información primaria (artículos y documentos que ya se generan en formato electrónico). Las bibliotecas dejaran de tratar sólo referencias bibliográficas para procesar también documentos electrónicos en texto completo (A. Bellver).

Las revistas electrónicas
La presencia de revistas electrónicas científicas es mínima hoy en día en Internet (J. Llorens). La calidad de la revista es independiente de su formato y medio de distribución. Por tanto, parece que el problema que subyace es económico (J. Adell). Las editoriales perderían su negocio si los investigadores comenzasen a distribuir a través de Internet. Además, J. L. Canet destacó que las autoridades científicas que rigen el destino económico de los investigadores no consideran las publicaciones electrónicas en el curriculum profesional.

La biblioteca virtual
No se reduce al acceso a los opacs, ni a la captura de registros en red. Se trata de conceptualizar un centro de servicios al usuario, dotado de funcionalidad. A las bibliotecas del siglo XXI el usuario accederá desde su despacho, capturará el documento deseado y lo imprimirá. Se eliminan dos elementos que obstaculizan el flujo de la información: tiempo y espacio.

Las editoriales perderían su negocio si los investigadores comenzasen a distribuir a través de Internet

Evitamos la espera ineludible del préstamo interbibliotecario entre que se solicita, se gestiona y llega cuando tal vez ya este desfasado el documento. EI espacio geográfico queda suprimido gracias al avance en telecomunicaciones (J. Adell).

Problemas:

– No hay que olvidar que nuestras bibliotecas parten de una inexistente tradición de cooperación (V. García-Esteve) y hay que quemar etapas. Quemémoslas deprisa o perdemos el tren porque los usuarios ya ven a través de Internet cómo funcionan otras bibliotecas. Ya no les sirven las justificaciones (J. Adell).

– Es cierto que, por ejemplo, toda tesis antes de ser impresa o microfilmada ha sido tecleada en un procesador de textos. Por lo tanto, como sugiere J. Adell, podría dejarse en la red una copia a la que acceder fácilmente. Pero subsisten problemas legales y la legislación evoluciona más lenta que la realidad. Incluso el personal universitario sigue siendo reacio a estos cambios. De hecho hoy día no se aceptan investigaciones en formato electrónico porque se dice no tienen copyright (J. L. Canet). Sería muy interesante que nuestros servicios de publicaciones y nosotros como gestores de información presionáramos a las instancias pertinentes para que esta facilidad de acceso a la literatura gris sea real ya que no existen problemas técnicos.

Los opacs
Los bibliotecarios nos acercamos a Internet con mentalidad de opac. Los opacs no son la Internet (J. Adell) y marean al usuario. ¿Por qué no son más amigables? Quizá los bibliotecarios, concentrados en sus tareas catalogadoras, no piensan en las necesidades de los usuarios. O, si son conscientes de ello, no piden a sus informáticos y a la casa que comercializa el software que los hagan versátiles.

Parece que somos un colectivo poco reivindicativo tanto con los Centros de Cálculo, cuyo lenguaje críptico nos asusta, como con las casas de paquetes comerciales (A. Bellver). Nos casamos con el software. No le exigimos la versatilidad que necesitamos. Hoy en día ya se están haciendo cosas muy amigables mientras que la tecnología de nuestros opacs es de hace décadas.

Colofón
Como el lector se puede imaginar, la polémica fue más extensa y variada, aunque ésas fueron sus líneas principales…

A pesar de las adversidades se suscitó un interesante debate, truncado por el toque de queda de la facultad… Esperamos que la experiencia gustase y se renueve en alguna otra edición.

María Fernanda Peset Mancebo
Universitat de València, Facultad de Derecho, Biblioteca
Blasco Ibáñez, s/n. 46010 Valencia.
Tel.: +34-6-386 44 46
peset@uv.es

María Pilar Montañana Ros
Universitat de València, Facultad de Geografía e Historia, Biblioteca.
Blasco Ibáñez, s/n. 46010 Valencia.
Tel.: +34-6-386 44 45

Esta información se publicó en la revista Information World en Español (IWE), n. 37, septiembre de 1995, pp. 13-14 y 16.