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Con Piura en el corazón

Por Juan Fernando Bossio Montes de Oca

Juan Fernando Bossio Montes de Oca

 

Juan Fernando Bossio Montes de Oca. Bibliotecólogo, Centro de Documentación.
Intermediate Technology Development Group.

Foto: CC BY Tomàs Baiget

Entre los días 23 y 25 de abril de 1996 se celebró en Piura, Perú, la Reunión Regional de Bibliotecas Públicas, un encuentro latinoamericano que se realizó gracias a IFLA-LAC, la Universidad de Piura, la Municipalidad de Piura (y su biblioteca Ignacio Escudero) y la Biblioteca Nacional del Perú, con la colaboración de organizaciones locales como el Centro de Investigación y Promoción del Campesinado (Cipca). Se contó con la presencia de ponentes venidos de Bolivia, Argentina, Cuba, Colombia, Venezuela, Chile, Costa Rica, Brasil y México, además de delegados del IFLA/LAC (Latino-América y Caribe).

Y desde la experiencia vivida en esa reunión nos ha sido remitida la siguiente crónica:

Biblioteca Pública y Centro Coordinador de Bibliotecas, Piura

Biblioteca Pública y Centro Coordinador de Bibliotecas, Piura

 

Calor humano
Recién llegado de Piura quiero ya contar mi experiencia allá, y tratar, cuanto pueda, de expresar los fuertes sentimientos que su recuerdo me trae.

Tenía ya decidido el título de esta chata comunicación al segundo día de estar en Piura. Sabía ya que regresaría a Lima “con Piura en el corazón”. Ahora sé que parte de mi corazón se ha quedado en Piura.

El calor humano con que nos recibió Piura fue extraordinario. El calor natural, la temperatura, fue también alto aunque, tal vez por hospitalidad de la propia naturaleza, no tan alto como de costumbre. Una simpática recepción en el hotel que alojaba a los ponentes extranjeros dio inicio a cuatro días que quedarán en el recuerdo de quienes fuimos a la Reunión Regional de Bibliotecas Públicas.

Tambogrande
En la tarde del martes 23, primer día de sesiones, fuimos a conocer la experiencia de la Biblioteca Pública de Tambogrande, nor-este de Piura ya subiendo a la Sierra, distrito pobre pero orgulloso de su fuerza, trabajo y esperanzas. La bienvenida que nos brindó fue apoteósica. Llegaba el bus que nos trasladaba al local de la biblioteca cuando sonaron cohetes de bienvenida, seguidos de inmediato por los acordes de la banda local –debo confesar aquí, antes de seguir, que yo esperaba y deseaba solamente visitar la biblioteca y sus filiales en caseríos cercanos, escuchar sobre las experiencias de sus encargados, ver a sus usuarios y volver a tiempo de llegar a las celebraciones que el diario El Tiempo realizaba por su 80 aniversario, deseo producto de mi tara intelectual, del que renegué pasados unos minutos–.

Entramos al local en el que nos esperaban las autoridades del distrito y buena parte de su pueblo, en un patio, bordeado por las pequeñas habitaciones en las que se encuentran la biblioteca infantil, la pública y el futuro museo de sitio.

Nos pidieron que nos sentáramos para dar inicio a la ceremonia. En esta ceremonia el pueblo, a través de su alcalde (así lo sentí yo), declaró huéspedes ilustres y obsequió con productos de la zona a las personalidades presentes.

Nos obsequió además con la recitación de un poema alusivo a la reunión por una niña de unos 8 años, el canto de un niño aún menor y bailes regionales.

Terminada la ceremonia nos invitaron a compartir su mesa, honor que no dejaré de agradecer. Por un retraso en la salida hacia Tambogrande, nos habían avisado al llegar que sólo debíamos quedarnos 45 minutos. Luego de unas dos horas creo no haber sido el único que estaba triste por tener que partir, pero era necesario llegar, aunque tarde, al diario El Tiempo.

No tuvimos oportunidad de conocer ampliamente la experiencia de la Biblioteca Pública por el poco tiempo que nos dejaron los actos protocolares. De todas formas hubiera sido difícil. Los 50 visitantes no podíamos entrar al mismo tiempo en el pequeño local de la BP, menos aún en el de la Biblioteca Infantil.

Como todos, recorrí las instalaciones. Son fáciles de notar sus grandes carencias, como también el uso intensivo que hacen de lo que consiguen.

Dos días después, en una reunión de grupo de trabajo sobre Bibliotecas Rurales, tuve la suerte de conocer a Evaristo Juares Ancajima, uno de los voluntarios que mantienen con vida a las bibliotecas rurales de Tambogrande. Pude por él saber más sobre el trabajo cotidiano de la BP y las BR que de ella dependen, un trabajo muy duro y difícil, aunque más gratificante, que nos hace sentir, cuando menos a mí, vergüenza; vergüenza porque cualquier homenaje es merecido por ellos y no por sus visitantes.

Mientras estuve allá dije gracias cuantas veces pude y traté de expresar mis sentimientos al estrechar manos, devolver miradas y saludos, pero mi deuda sentimental con Tambogrande será eterna.

Son muchas las gratas experiencias sentimentales que gocé en estos días, viendo cuanto he ocupado en relatar sólo una de ellas (la que más me impactó sin duda), trataré de ser breve en adelante.

En Piura
Párrafo aparte merece la hospitalidad piurana. Los y las trabajadores/as de la Biblioteca Municipal de Piura fueron en extremo gentiles, pero fundamentalmente simpáticos. El común de la gente, no necesariamente enterados de la realización de la reunión, no se quedó atrás.

El miércoles por la tarde asistimos a una simpática ceremonia en la Municipalidad de Catacaos y conocimos su Biblioteca Pública. Esa noche hubo sesión solemne en la Municipalidad de Piura, se presentó el libro Piura: Región y Sociedad, se declaró Huéspedes Ilustres a los visitantes extranjeros y se nos regaló la oportunidad de ver bailar marinera, escuchar violines y un poema alusivo a la reunión (ésta parece ser una costumbre).

Las bibliotecas andinas
La intención de esta comunicación con el foro (IweTel) es sólo reflejar un estado de ánimo. Espero pronto tener el tiempo para participar de una necesaria reflexión académica sobre lo que nos deja esta reunión.

Alfredo Mires Ortiz Anahi Baylon AlbizuQuiero referirme aquí solamente a dos ponencias que me impactaron mucho, la de Alfredo Mires Ortiz (foto de la izquierda) sobre la Red de Bibliotecas Rurales de Cajamarca y la de la argentina Anahi Baylon Albizu (en la foto de la derecha), del Centro Coordinador de Bibliotecas Públicas de Piura.

Lo que diga no será mas que un pálido reflejo de lo que sentí. Al escuchar una ponencia suelo tomar nota de las ideas que me interesan y no de las emociones que experimento, notas que me serían de utilidad en este momento.

Alfredo se dirigió al publico con una emotividad difícil de describir. Nos habló de lo problemática de la situación de la zona en que trabaja, pero no con la retórica del mendigo que pide y pide generosas dádivas, sino con la del que exige derechos pero no se detiene a esperar sino que mientras tanto va avanzando –se hace camino al andar–.

Se refirió al espíritu y realización de las Bibliotecas Rurales, que tienen un sistema asentado en las particularidades de la comunidad andina y que parten de ella, donde el voluntariado y la cooperación son básicas, un sistema en continuo movimiento formado en un 99% por campesinos.

Contó la experiencia de caminar horas y hasta días con una alforja con libros para llegar a una comunidad, de los paisajes que de camino se podía encontrar, del cálido recibimiento de la comunidad.

Alfredo hablaba de las tareas con satisfacción y de los esfuerzos con amor. Él no nos hablaba sobre su trabajo sino sobre su vida.

Quiero citar algo de la ponencia escrita que presentó a la reunión (su exposición fue completamente distinta y está ya perdida, a menos que alguien la haya grabado) sólo de manera ilustrativa:

“La ajenidad agresora de la palabra escrita, del libro como depositario de saberes externos y privilegio de pudientes, empezó a trastocarse hace 25 años en el campo de Cajamarca”.

“Sin locales, sin vehículos, apuntalando al voluntariado, canjeando los libros como se canjean las semillas del temple con las de la altura, la red pudo afianzar sus nudos y cernir sus posibilidades”.

“No se halla en las comunidades ni un solo local dedicado exclusivamente a la Biblioteca Rural, ni un estante y, a veces, ni uno de los casi 25.000 libros que circulan en un promedio de 600 comunidades. Todos se hallan fuera, leyéndose, compartiéndose, multiplicándose”.

Podría seguir citando fragmentos pero terminaría copiando todo el documento y no es el momento.

Servir a los demás
Anahi fue tal vez menos poética pero igual de enérgica. La experiencia del Centro Coordinador es gratificante. El crecimiento en puntos de atención al publico y número de lectores impresionante, la voluntad de ampliar el acceso a la información de la población de la región norte del Perú, especialmente de la menos favorecida, avasalladora.

Además de buenos expositores y muy simpáticos, Anahi y Alfredo fueron siempre un ejemplo de sencillez. Vivir sirviendo a los demás parece ser para ellos la única forma de vivir plenamente.

Biblioteca integrada en la comunidad
Por último quiero relatar una experiencia que me permitió hacer algo que debería hacer más seguido. En el grupo de trabajo sobre Bibliotecas Rurales, cuando Evaristo empezó a hablar dio a entender que éramos los profesionales (la minoría en el grupo) los que teníamos “el saber”.

Terminada la reunión me le acerqué para decirle que había aprendido mucho de él y que se lo agradecía, que él era bibliotecario rural y yo sólo había leído sobre esa experiencia, que mi saber sobre BR no era nada al lado del suyo.

Por ejemplo, yo sé, luego de leer varios textos y algo de experiencia, que el diseño de un buen servicio debe partir de las necesidades de los usuarios. Evaristo no necesitó leer esos textos. Jamás se le ocurriría pensar en una BR desconectada de la comunidad campesina en la que funciona. Apartada de la lógica andina de reciprocidad y solidaridad, la BR no podría existir.

Anahi nos recordó al poeta peruano César Vallejo (César Abraham Vallejo Mendoza) al terminar su exposición. Me despido recordándola en la cita:

“Hay, hermanos, mucho por hacer”.

Nota remitida a la lista de correo-e IweTel por Juan Fernando Bossio Montes de Oca. Bibliotecólogo, Centro de Documentación. Intermediate Technology Development Group.
Av. Jorge Chávez, 275. Miraflores. Lima 18. Perú.
Tel.: 444 70 55 / 447 51 27; fax: 446 66 21
juanf@itdg.org.pe

Esta información se publicó en la revista Information World en Español (IWE), n. 45, junio de 1996, pp. 30-31.