Por Agnès Ponsati Obiols
El gran momento de la cooperación bibliotecaria a nivel mundial fue la década de los 70 y principios de los 80. En esos años se establecieron las primeras redes bibliotecarias con el objetivo de abaratar los costes del proceso de informatización y facilitar, mediante catálogos colectivos y servicios de préstamo interbibliotecario, el acceso rápido al documento.
Las redes bibliotecarias bien gestionadas han demostrado ser un excelente instrumento al servicio de la investigación, y además son social y económicamente rentables, convirtiéndose en grandes mayoristas de información.
En España la mayoría de ellas se crearon en torno al sector académico o de investigación públicos, y sus resultados prácticos no se vieron hasta que la automatización no cobró una cierta consistencia, es decir ya bien entrados los 90.
El Plan Nacional de la Ciencia puso en marcha en 1988 el Programa IRIS, que fue uno de los pilares fundamentales para el despegue hacia la modernización tecnológica de las bibliotecas científicas, un instrumento esencial sobre el cual se sustenta hoy en día cualquier iniciativa de cooperación bibliotecaria.
Objetivo: catálogo colectivo
Fue la finalidad inicial de todas las iniciativas analizadas, aunque adoptando diversas formas: red, asociación o consorcio.
Las experiencias en red nacieron en general al amparo de un software concreto pero también las hubo unidas por el interés sectorial o temático. Otras son el resultado de asociaciones de bibliotecas que perseguían, como se ha dicho, la obtención de un catálogo colectivo y compartir fondos.
Necesidad de una política clara
Debido a que el sistema bibliotecario español adolece de una indefinición prolongada, las bibliotecas tienden a una cierta autarquía. Las universitarias y las científicas tienen un claro protagonismo por su capacidad para articularse en red para afrontar los cambios tecnológicos y la modernización de sus servicios.
Se deberían reconducir los esfuerzos hacia iniciativas de cooperación más ambiciosas con ámbitos de actuación amplios que permitan llegar al máximo rendimiento usando los recursos de información con los que cuenta España.
Debe producirse un punto de encuentro entre los gestores, los investigadores y los bibliotecarios con el fin de hacer funcionar los sistemas de información que la sociedad actual precisa para desarrollarse cultural y científicamente. Ésta los necesita a los tres en conjunción y con interés en un instrumento: la biblioteca.
Agnès Ponsati Obiols. Unidad de Coordinación de Bibliotecas, CSIC.
Jorge Manrique, 27. 28006 Madrid.
Resumen realizado por Rosa Maria Capo Pallàs de un artículo publicado en la Arbor, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, dedicado a «Bibliotecas e investigación» Vol. 157, núm. 617-618 (1997), pp. 49-64.
Foto: CC BY Tomàs Baiget
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Este texto se publicó en la revista El Profesional de la Información (EPI), v. 7, n. 3, marzo de 1998, p. 38.
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