Por Vicente Sabido Rivero
En 1971, un joven llamado Michael Hart logró acceso pleno a un gran ordenador de la Universidad de Illinois. Concibió entonces la original idea de que en un futuro no muy lejano los sistemas digitales servirían para algo más que efectuar cálculos: para almacenar el vasto conocimiento que la humanidad alberga en las bibliotecas.
El primer paso fue transcribir en soporte informático la Declaración de Independencia de los Estados Unidos, y compartirla con los escasos usuarios de la primitiva red de entonces.
Así nació el Project Gutenberg, el primer servidor de información de Internet.
La filosofía de Hart es sencilla: se trata de poner a disposición de un público potencial de muchos millones de personas una extensa selección gratuita de obras literarias en un formato electrónico fácil de transmitir y leer. Para ello Hart edita obras de dominio público, sin copyright de ningún tipo.
La noción de dominio público, en lo que se refiere a ediciones de documentos, varía según la legislación de cada país. En los Estados Unidos y otros países desarrollados la fuerte presión de la ideología mercantilista amenaza con hacer desaparecer en breve este altruista concepto.
Formato de los textos
Los libros se ofrecen en ascii puro, compatible con cualquier plataforma informática. Esto no es ningún problema si tenemos en cuenta que, hasta ahora, las obras o bien pertenecen a la literatura inglesa y norteamericana, o están traducidas al inglés, o son textos clásicos latinos.
En el caso de próximos libros en otros idiomas occidentales, Hart considera la posibilidad de utilizar el ascii extendido presentando dos versiones de cada texto: una en PVascii (plain vanilla ascii), y otra en ascii extendido, capaz de soportar las convenciones ortográficas de lenguas más ricas en caracteres alfabéticos que la inglesa.
A favor de su actual método está el modo de transmisión de las redes, 7 bits, que obliga a codificar los caracteres superiores al ascii 128 mediante Mime, BinHex, etc.
Los textos del Proyecto Gutenberg pueden ser capturados en modo PVascii, lo cual garantiza la transportabilidad.
Toda la literatura
El Proyecto Gutenberg clasifica sus obras de acuerdo con tres categorías o niveles:
- alta literatura (la Biblia y otros textos religiosos, Virgilio, Shakespeare, Milton,);
- literatura más popular; y
- obras de referencia y consulta, como enciclopedias y diccionarios.
Entre los autores modernos más interesantes de esta biblioteca digital hay que citar a Charles Dickens, Thomas Hardy, Rudyard Kipling, Jules Verne, Arthur Conan Doyle, Mark Twain, Jack London, Robert L. Stevenson, Herbert G. Wells, Edgard R. Burroughs, Joseph Conrad, etc. También pueden encontrarse obras de filosofía, política, música, matemáticas y computación.
Para acceder a la web del Proyecto basta con escribir en un navegador una de las siguientes direcciones:
http://promo.net/pg
http://www.prairienet.org/pg
o bien conectarse, por ftp anónimo (una antigua pero eficiente forma de transferencia de ficheros usada en Internet) a:
uiarchive.cso.uiuc.edu (128.174.5.14),
directorio:
/pub/etext/gutenberg/etextn
(donde n puede ser sustituido por 90, 91, 92, 93, 94, 95 ó 96, el año).
Los índices de las casi 700 obras disponibles se encuentran en los ficheros index?00.gut (donde ? = 1, 2, 4, 8).
Hay también una excelente web, donde aparecen listados alfabéticos de obras y autores:
http://www.w3.org/pub/datasources/bysubject/literature/gutenberg/overview.html
Ficheros comprimidos
Cada libro se ofrece en dos formas: modo texto (*.txt) y comprimido (*.zip). Los archivos zip deben capturarse forzosamente en modo binario. El formato binario es ideal para la transmisión de libros escritos en ascii extendido.
Cualquier usuario puede restablecer el texto con la utilidad pkunzip, casi tan universal como el ascii. De otro modo se correría el riesgo (si Hart y sus colaboradores editan obras en otros idiomas occidentales) de perder caracteres o recibirlos convertidos en basura ilegible.
Por fortuna, los navegadores (como p. ej. Netscape) eligen el modo binario cuando se les pide que capturen un fichero *.zip. Los tiempos avanzan y, en pocos años, será poco usual acceder por ftp anónimo y tener que ejecutar un comando bin o ascii desde nuestro sistema.
Habrá libros en otros idiomas
La iniciativa de Hart, cuya meta, como hemos dicho, es alcanzar los 10.000 títulos en el año 2001, está dirigida por ahora principalmente al público de habla inglesa. En breve dará cabida a obras de interés universal en los respectivos idiomas en que fueron escritas (de hecho ya hay una edición española de La vida de Lazarillo de Tormes).
Las convenciones ortográficas podrán ser respetadas siempre que la captura de libros se haga en modo binario. Hoy en día, con estándares más sofisticados, los documentos electrónicos incluyen formatos de letra, párrafo y página, ilustraciones, animaciones, sonidos, vídeos y enlaces hipertextuales. Michael Hart no descarta que, más adelante, su biblioteca electrónica aproveche las nuevas tecnologías pero, fiel a su primer propósito, seguirá ofreciendo en principio textos desnudos de cualquier aditamento, pues
«Alicia en el País de las Maravillas, la Biblia, Shakespeare, el Corán y muchos otros estarán siempre con nosotros mientras dure la civilización…; un sistema operativo determinado, un programa, un markup peculiar, tal vez no» (History and Philosophy of Project Gutenberg, 1992).
En síntesis, frente a la progresiva banalización de contenidos de Internet, íntimamente ligada al carácter cada vez más comercial de la Red, el Proyecto Gutenberg defiende el principio opuesto al de la actual praxis dominante: una palabra puede valer más que mil imágenes.
La realidad del analfabetismo activo de buena parte de la población, unida a hechos como la insolidaridad y el egoísmo crecientes, y a la pérdida de valores intelectuales y estéticos, hace que la iniciativa de Hart –poner al alcance de todos la mejor literatura– merezca nuestra mayor estimación y aplauso.
Vicente Sabido Rivero. Departamento de Filología Española de la Universidad de Granada.
vsabido ARROBA platon.ugr.es
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Esta información se publicó en la revista Information World en Español (IWE), n. 48, octubre de 1996, pp. 16 y 18.
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