Internet ha puesto una gran cantidad de información de todo tipo al alcance de cualquier usuario. Las universidades, en particular, tratan de facilitar a cualquier miembro que forme parte de ella, el uso de las conexiones a las que tiene acceso a fin de avanzar en un mayor conocimiento intelectual. Entre los miembros universitarios que pueden hacer uso de la Red están los estudiantes; pero ¿hasta qué punto conviene que tengan acceso? Esta cuestión desató una gran polémica en el foro de opinión Whoiswho durante los meses de abril y mayo pasados.
Todo comenzó por una noticia aparecida en un diario de tirada nacional donde se indicaba que «la Universitat Jaume I de Castellón es la primera que ha dado acceso a Internet a todos sus alumnos». Fue José Barberá Heredia, exdirector de RedIRIS desde Fundesco, quien la incluyó en el foro junto al siguiente comentario:
«La noticia, además de que creo que no es del todo cierta (la Autónoma de Madrid montó hace más de un año su red de estudiantes), es un tanto confusa porque no aclara quién es el proveedor del servicio».
barbera@fundesco.es
Al hilo de lo anterior, y vistas las trabas que algunos tienen que superar para el acceso, José Ramón Valverde Carrillo hizo la siguiente pregunta:
«¿Es apropiado decirle a un alumno, que paga una matrícula, con una carga adicional por prácticas, que el material necesario para las mismas se lo pague él?».
A su vez añadía, en tono irónico:
«Así que le decimos a los alumnos que la bibliografía se la paguen ellos, que de mirarla por la Red nada, y las prácticas de trabajo en la Red lo mismo. El que quiera aprender cómo va eso del telecomercio en web lo mismo, y al proto-abogado que quiera leer el BOE igual, que se lo pague él, que los recursos de la universidad son sólo para los profesores».
jrvalverde@samba.cnb.uam.es
M. Ignacio Martínez Espinoza recordó que el acceso de los alumnos a la Red está garantizado «si el centro quiere, en las condiciones que determine, a título de alumno, utilizando la infraestructura propia del centro con los recursos de que disponga al efecto».
martinez@fundesco.es
En la misma dirección apuntó Manuel Rincón Arche, de RedIRIS:
«Los alumnos pagan por recibir su formación. Si el acceso a la Red es parte fundamental de la misma, debe ser la Universidad a la que pagan la que se lo proporcione».
manuel.rincon@rediris.es
Hace falta una normativa
Ante el interés que tomaba el debate, Enric Navarro Sanchis, de la Universitat Jaume I de Castelló, intervino, a título particular, para aclarar que no habían sido los primeros «en abrir cuentas a los alumnos». Su interés era exclusivamente «por motivos académicos». No obstante, creía conveniente que «se definiera una normativa clara» sobre este uso.
navarro@vents.uji.es
Las intervenciones pretendían aclarar cuál era la misión de RedIRIS:
«interconectar las redes de cada centro de I+D afiliado» o «interconectar las redes específicas».
Según fuese la respuesta a una u otra, RedIRIS
«velaría porque no se diese acceso a terceros» o, por contra, «habría que separar las subredes de investigación de las administrativas y de las docentes», comentó Ignacio Martínez Espinoza.
Volviendo sobre el tema del aprendizaje del uso de la red Internet, Antonio F. Skarmeta Gómez puntualizó a J. R. Valverde que éste concedía
«excesivo peso a lo que es aprendizaje» de la Red, y que lo mejor sería diferenciar entre «un alumno de primer curso y uno de los últimos cursos o becario». «En lo que no puede convertirse la Universidad es en el acceso gratis a Internet para fines no docentes ni de investigación».
Y proseguía:
«Antes que nada habría que facilitar al alumno el acceso a los servicios dentro de las universidades y poner contenidos en ellas», pues el aprendizaje se basa en eso.
skarmeta@dif.um.es

Desde la Universitat de València intervino Rogelio Montañana Pérez para recordar que el acceso se da a un alumno «en calidad de estudiante». Incluso podía ser desde su casa, finalizando «cuando deja de serlo». Pero también, «si una universidad decide no dar acceso a cualquier alumno no se la podrá obligar».
montanan@vm.ci.uv.es
¿Quién investiga?
Manuel Rincón Arche volvió a intervenir a raíz de un artículo aparecido en la revista Política científica, v. 45, marzo 1996, donde se decía textualmente:
«Existe la posibilidad de que profesores e investigadores dispongan en sus domicilios de los mismos medios de acceso a la información con los que cuentan en los departamentos universitarios o centros de investigación».
Su interpretación personal no dejaba lugar a dudas:
«No se está pensando nunca en el alumno».
De nuevo intervino J. R. Valverde para puntualizar: en primer lugar por alusiones, a propósito de la opinión de Antonio Gómez Skarmeta sobre explotar primero los recursos de la propia institución antes de acceder a los remotos:
«Lo único es que mientras las organizaciones tengan recursos penosos y no se mejoren, es mejor poder acceder a los recursos de otra organización remota y mejor dotada»;
y en segundo lugar, respecto al anterior comentario de Manuel Rincón:
«O la Cicyt (Comisión Interministerial de Ciencia y Tecnología) replantea toda la estructura investigadora del país, o se nos hunde en la miseria porque la ciencia se hace mayoritariamente por becarios, no por universitarios que han terminado su carrera y obtenido un contrato».

Esa intervención fue la que más comentarios provocó, como los de Martí Griera Fisa, que pedía a RedIRIS dar servicio a «toda la comunidad académica».
marti.griera@cc.uab.es
Enric Navarro Sanchís aportaba como solución estudiar
«las normativas legales existentes en otros países» para establecer una en España.
Ignacio Martínez comentó, sobre las observaciones de Rogelio Montañana, que el problema no estaba en dar acceso a los estudiantes a la Red porque
«está universalmente aceptado y no merece la pena discutirlo», sino en su propuesta de acceso «personalizado» de los estudiantes incluso desde su propio domicilio.
Otra vez intervino por alusiones J. R. Valverde. A su entender, su misión como responsable de Red no era
«decirle a un profesor o investigador cuánto deben usar sus estudiantes o becarios la Red», sino «educarles en el uso de este recurso para que ellos a su vez eduquen a sus estudiantes».
Experiencia en la Universidad Autónoma de Madrid
En este punto de la discusión, fue aportada la reflexión de Javier Poves Paredes desde su experiencia en el uso de la Red por parte de los estudiantes de la Universidad Autónoma de Madrid. El la resumió en diez puntos:
- «Los estudiantes están dinamizando a los profesores». Es el caso de «Derecho, Económicas, Geografía, Historia, Magisterio».
- «Un profesor debe tener acceso a la Red para docencia, y, para que este acceso tenga sentido, sus alumnos también tienen que tener dicho acceso».
- «Formación en espacios abiertos de conocimiento, como la manera de crear un aprendizaje dinámico».
- «Plantear la presencia de los estudiantes en Internet como objetivo a cubrir, como el propio futuro de la Red». Consecuentemente «RedIRIS debe suministrar la infraestructura para que la Universidad pueda hacerlo».
- «El acceso externo de los estudiantes a Internet» facilita «la creación de un espacio inter-estudiantes de apoyo al estudio», «transnacionalización» del espacio y «transculturalidad de la formación universitaria».
- Debería haber «un vicerrectorado de infraestructuras para la docencia», porque se sigue «sobrevalorando al profesor frente al estudiante en el proceso de aprendizaje».
- «Es un gran error penalizar la actividad educativa sobre su incorporación a las redes de comunicaciones, puesto que son la base de su aceptación social».
- Es de «obligada» lectura el Libro Blanco de la Comisión Europea: Teaching and learning, towards the learning society«.
- «No es un problema de normas, sino de dinero».
- Una solución sería «la teletutoría, aplicaciones www orientadas a la docencia, recursos en la Red, foros de debate dirigidos, interfacultatividad, etc».
jpoves@ccuam3.sdi.uam.es
La función de los profesores
Eloy Portillo Aldana intervino como docente. Los alumnos deben
«aprender a convivir con la sobredosis de información». Los de «primer curso no deben tener acceso al exterior de sus universidades, pero, superado un curso, han demostrado cierta madurez para distinguir cosas más serias de otras menos serias».
Al final de su exposición sugería la creación de asignaturas de libre opción relacionadas con Internet para usuarios, impartidas por profesionales de la «Telemática y Documentalismo».
eloy.portillo@diatel.upm.es
De nuevo, J. R. Valverde insistió sobre la calidad de la enseñanza en relación a la Red:
«Mientras haya profesores –que los hay– con pánico al ordenador y a la Red, los alumnos necesitarán una vía de escape». La Red les sirve para «acceder a personas con un conocimiento que no pueden encontrar en su ámbito local, aprender a navegar y descubrir por sí mismos».
En este punto del debate, Antonio Skarmeta Gómez propuso la necesidad de convocar una reunión de PERs (personas de enlace RedIRIS) y del equipo gestor de RedIRIS (incluido el Plan Nacional de Investigación Científica y Desarrollo Tecnológico) para aclarar la situación.
Rogelio Montañana asumió la propuesta anterior aunque, mientras tanto, «el acceso de los estudiantes a la Red se irá produciendo de forma gradual y un tanto subrepticia».
J. R. Valverde continuó la defensa de los alumnos en el manejo de la Red al remarcar que «durante las horas de trabajo la mayoría de los alumnos están en clase» y no la saturan.
La solución que aportó Fernando Limón Carrillo, sobre el tema, consistía en darles
«acceso pero limitando el número de máquinas… y el número de horas/mes». En realidad, la cuestión radica en «racionalizar el uso de la Red y no en reservarla para unos pocos».
flimon@fi.upm.es
Para Juan Carlos Moreno Campón, de RedIRIS, el problema del acceso a la Red era un asunto de gestión de la infraestructura.
«BT hace como dice su contrato: gestiona multitud de líneas europeas e intercontinentales, y, entre ellas, una colapsada, la nuestra».
El Plan Nacional de I+D sólo pone «líneas de 2 Mbps» para «cada una de las Comunidades Autónomas del Estado, y, en cada Comunidad, los Centros ponen sus líneas hasta el nodo de esa Comunidad. Las universidades que alojan en sus dependencias un nodo de RedIRIS no pagan porque la conexión consiste en un cable y no en un enlace punto a punto de Telefónica«.
El problema de ampliación de línea es sólo económico. No obstante, hace hincapié en que RedIRIS posee «aproximadamente el 94% de máquinas conectadas a Internet en España».
juancarlos.moreno@rediris.es
Primeras conclusiones
A esas alturas del debate, José Barberá Heredia creyó conveniente recapitular las diferentes aportaciones. Así establecía:
- Internet debería «estar abierta» a los estudiantes universitarios, con «un uso racional».
- Esa postura «no es compartida» por la Cicyt.
- El hecho de establecer un debate no implica «influir» en los responsables de la Red.
- Hay «otras fuentes de subvención de organismos autonómicos y locales» para el uso de la Red.
- «No existe una estructura legal en la que estén representadas las partes implicadas».
Pleno uso de la Red
Francisco Javier Medina Cuesta, del Centro de Proceso de Datos, de la Universidad de Valladolid, reinició el debate a favor de los alumnos porque «el uso que hacen de la Red no es tan malo como algunos pretenden».
javi@cpd.uva.es
José Sánchez Marín respaldó su opinión
«pues mal uso también puede ser el de PCs de las aulas informáticas o los puestos de lectura de las hemerotecas-bibliotecas».
jose.sanchez@uv.es
Visto que el acuerdo sobre ese punto era unáníme, Rogelio Montañana propuso adoptar
«lo antes posible una política de hechos consumados» y «convencer a los nuevos responsables de la Cicyt y de Telefónica de mantener dicha situación».
Javier Poves respaldó la postura de Rogelio:
«El derecho de acceso a los medios de comunicación está reconocido en la constitución. Internet es un nuevo medio de comunicación, no sólo una instalación técnica».
jpove@ccuam3.sdi.uam.es
José Antonio Corrales González le puntualizó al señalar que
«nadie impide a nadie pagarse un acceso a Internet». Para él, era necesario no mezclar temas en el debate, pues por una parte se hallaba «la necesidad o conveniencia» del acceso a la Red por los alumnos, y, por otra, «quién paga ese acceso».
ja@etsiig.uniovi.es
Una vez más J. R. Valverde intervino para aportar información sobre el uso de Internet en otros países. Es práctica habitual en la mitad de las escuelas públicas de Estados Unidos, de lo que deducía que no había lugar a más discusión. Más bien, el debate debía centrarse en la siguiente pregunta:
«¿Hacemos bien nuestro trabajo de transmitir a nuestras instituciones esa necesidad y la importancia de la labor de RedIRIS?».
Manuel Rincón recurrió a las estadísticas sobre el número de universitarios que poseen PCs para deducir que podrían
«costearse el acceso desde casa a través de un proveedor».

Juan Arana Pérez concluía que
«la Secretaría de Estado de Universidades e Investigación debería tomar alguna iniciativa, motu proprio o impulsada desde el mundo universitario, y que ésta debiera contar con el respaldo económico de los gobiernos autónomos y de la universidades».
juan.arana@posta.unizar.es
Manuel Rincón le replicó que
«más que crear una nueva estructura» habría que «perfeccionar la existente».
José Barberá insistió en que se continuaba con lo mismo:
«RedIRIS es una buena red, con buenos (aunque mejorables) servicios. Los responsables técnicos están haciendo lo mejor que pueden para mantenerlos y mejorarlos», pero el problema seguía siendo «la estructura organizativa».
En la misma dirección señaló Ignacio Martínez:
«Los actores de nuestra red son los investigadores, presentes y futuros». Por tanto, «la investigación tiene que ser el motor que impulse la red». Si se tiene esto presente, el problema se reduce a la «receptividad de los gestores».
Con el fin de defender el uso de la Red por parte de los estudiantes, la intervención de José Manuel Medina centró su interés en la definición de RedIRIS,
«una red académica y de investigación financiada por el Plan Nacional de I+D. Proporciona servicios avanzados de telecomunicaciones, con el objetivo de servir de soporte al mundo de la investigación en España».
pepe.medina@uca.es
En la misma línea aportó su opinión José Catalán Deus, de GreenNet. Lo importante radicaba en facilitar el acceso al ordenador porque
«es absolutamente increíble el retraso acumulado en la última década por nuestra sociedad (…). Las comunicaciones por ordenador son hoy imprescindibles en la vida académica».
redgrround@gn.apc.org
La historia de RedIRIS
Como final «momentáneo» de este debate Carlos Blánquez, de Fundesco, recordó al foro los orígenes de la red española. En 1986 se pretendía crear un red académica y de investigación. En 1988 comenzó como «Programa IRIS con fondos del primer Plan Nacional de I+D«. De esa primera experiencia se concluyó
«traspasar la red a un organismo estable, el CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas)».
Actualmente se nota que «la planificación a medio y largo plazo no parece existir», desaparece «el adjetivo académica respecto a la Red» persistiendo sólo «Red para los investigadores». De todo ello, deducía que el problema era sólo técnico: «reclamar mayor ancho de banda, gestionar bien la Red, etc.».
carlos.blanquez@fundesco.es
La discusión llega a otros foros
La preocupación del uso de las redes en relación a la docencia, fue tratado en IRIS-foro. En referencia al debate desarrollado en Whoiswho, se criticó el escaso interés por la docencia mantenido en el debate, pues los problemas
«son tratados, comentados y abordados por el personal de la Red y no por el personal docente».
Así la discusión quedaba exclusivamente en cuestiones técnicas.
Javier Poves Paredes señaló que la introducción de Internet en la Universidad, desde hacía diez años, no había sido asimilada
«como un elemento innovador de su propia estructura y transformador de su función social». En cambio, al tener acceso los estudiantes «se ha ampliado el campo de estudio y aprendizaje» frente «al profesor inmóvil con el aula y la pizarra».
A su vez planteaba una pregunta crucial sobre
«el papel asignado a la Universidad dentro de la sociedad de la información». Él distinguía entre «estudiantes en la Red y docencia en la Red», concluyendo: «Es necesario potenciar el intercambio de ideas, experiencias y proyectos sobre docencia en la Red, para dar un sentido universitario completo a la presencia de profesores y estudiantes en ella».
Ignacio Martínez Espinoza constató la escasa preocupación por los futuros «servicios que vamos a necesitar y con qué infraestructura, como conseguir medios de financiación para lanzar actividades», por lo que es necesaria «la comunicación entre todos y el intercambio de ideas».
En el foro Iwetel, Alfons Cornella Solans incluyó, en uno de sus resúmenes periódicos, la preocupación mostrada sobre el tema en otros países, entre la que sobresalía Gran Bretaña por el interés de su aplicación a las escuelas secundarias.
«Los políticos» trataban de «promover el acceso gratuito de las escuelas en sus programas políticos o favorecer, mediante incentivos fiscales, la donación de infraestructura por parte de grandes empresas del sector informático».
cornella@esade.es
El debate, cuyo interés es indudable, no se puede dar por concluido. Probablemente lo veremos en algún otro foro con el inicio de este nuevo curso 1996-97.
Resumen realizado por María-Rosario Ferrer Gimeno, Universitat de València, Escola Universitària d’Estudis Empresarials.
ferrermr@uv.e
—
Esta información se publicó en la revista Information World en Español (IWE), n. 47, septiembre de 1996, pp. 5-6 y 8-9.
- Volver al índice de este número 47:
https://www.scimagoepi.com/information-world-en-espanol-iwe-numero-47-septiembre-de-1996
- Volver a la página principal de Information World en Español (IWE):
https://www.scimagoepi.com/information-world-en-espanol-iwe

