Por Alfons Cornella Solans
Uno de los atractivos del mundo de Internet es que vulnera algunos de los principios fundamentales de las leyes económicas.
Por ejemplo, contradice la ley del “retorno decreciente” (diminishing return).
La idea es simple. Cojamos el caso de un yogur.
Cuando compramos un nuevo tipo de yogur por primera vez, experimentamos una sensación de novedad, de sorpresa, de nueva experiencia, que de hecho es uno de los impulsos principales para la compra de este tipo de producto no esencial en la dieta (un capricho, quizá).
Esta sensación de novedad va perdiéndose conforme se van comprando yogures, hasta que al cabo del tiempo comprar un yogur se convierte en un acto rutinario, desprovisto de emoción.
Esto lo saben bien los fabricantes de yogures, que se esfuerzan en sacar nuevos productos a un ritmo frenético; en algunos casos, se lanzan al mercado hasta dos productos nuevos al mes. Basta con pasearse por un gran supermercado para ver cómo va siendo más y más problemático para los empleados encontrar espacio en los lineales para colocar los nuevos tipos de yogures.

En resumen, los yogures satisfacen la ley del retorno decreciente: cada nueva compra tiene un interés menor para el comprador.
Ofrecer nuevas sensaciones
Pues bien, los productos informáticos tienen todo lo que se precisa para que esta ley no les afecte: el usuario puede descubrir cada día cosas nuevas, ya sea entrando más en profundidad en el producto (¿quién no ha descubierto posibilidades ocultas de un programa meses o incluso años después de haberlo cargado por primera vez?) o a través de nuevas versiones del software.
En Internet ocurre lo mismo. Los webs que se precian saben que es preciso cambiar el formato, el contenido y las “emociones” incluidas en la navegación (incorporar sonido, “applets” de Java, y lo que salga) con el fin de mantener el interés del navegador del hiperzapping.
Quien crea que se puede estar en Internet con un web “estático” está condenándose a ser víctima de la ley del retorno decreciente.
Quien entienda las posibilidades del web como instrumento para transmitir “experiencias” nuevas y cambiantes a sus “clientes”, está realmente aprovechando las ventajas del nuevo medio.
Y, al fin y al cabo, webs cambiantes implican personas que actualicen sus contenidos, es decir, creación de empleo, que es precisamente una de las mejores cosas que podemos esperar de las autopistas de la información en países como el nuestro.
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Esta información se publicó en la revista Information World en Español (IWE), n. 42, marzo de 1996, pp. 15-16.
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