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Frederic Monràs, microinformàtica de bibliotecas

Frederic Monràs Vidiella, informático, nos cuenta la mala experiencia que tuvo con una empresa de software para bibliotecas de los Estados Unidos.

IFLA’93 fue, para la mayoría de bibliotecarios y documentalistas, el primer contacto con Adda, una marca de software documental distribuida a través de Informática Sarrià, creada por Frederic Monràs.

Además de un stand donde se mostraban nuevos productos (concretamente un paquete de gestión de biblioteca llamado Manega-Doc (antes MNRS-Doc), los delegados y visitantes del Congreso se encontraron con un inusual peritaje hecho en la Universitat Politècnica de Catalunya a requerimiento de Adda, con la contundente afirmación de que el paquete Micro-VTLS “es invendible en su estado actual”.

Adda realiza muchos tipos de trabajos informáticos en micro.

Frederic opina:

– “Actualmente ya no hay casi ningún trabajo informático que no se pueda hacer con uno o más micros en red local, a un coste 10 veces inferior al de un mainframe y con infinitamente más flexibilidad y versatilidad. Con menos de 10 millones de pesetas en esta habitación puedo instalar la misma potencia informática que pueda tener, por ejemplo, una gran biblioteca-centro de documentación con un mainframe y puestos de trabajo para 20 documentalistas”.

¿Cómo ha sido que has entrado en el campo documental?
-Toda mi vida he sido un gran devoralibros, pero desde joven me di cuenta de que no podía ni recordar tanta lectura ni absorber más rápidamente los centenares de libros que caen en mis manos. Me obsesionó cómo almacenar más y más información y, al mismo tiempo, cómo organizarla para asimilar los conocimientos con más eficacia. Hace años me puse a trabajar con los sistemas de reconocimiento óptico de caracteres (OCR). Empecé a escanear los textos y a convertirlos en bases de datos buscables, lo cual me permitía hojear y localizar conceptos con mayor rapidez, así como hacer diferentes tipos de estudios. Lo hacía hasta para diversión: por ejemplo, en mis años “mozos” hice una base de datos con todas las letras de los Beatles y pude analizar frecuencias de las palabras, sintaxis de las frases, etc. Encontré cosas muy curiosas. Más a nivel profesional, éste es un trabajo que he hecho algunas veces para personas que preparan oposiciones o que tienen que asimilar un gran volumen de información: les escaneo y convierto en base de datos los libros y artículos con los que tienen que trabajar.

O sea que, antes que diseñador de sistemas de información bibliotecarios y documentales, he sido un usuario muy necesitado de ellos. Ahora, además de los sistemas “estándar”, los hago por encargo, adaptando los programas a las diferentes necesidades de los clientes, pero en principio los hice para mí mismo.

Manega-Doc es una de las poquísimas aplicaciones de bibliotecas desarrolladas al 100% en este país. ¿Se puede competir con las multinacionales mediante productos españoles?
– Claro, como supondrás tengo que decirte que sí, pero es que estoy firmemente convencido de que en prestaciones podemos superar a los de fuera. A veces somos un poco “papanatas”, como se dice, con los productos extranjeros, pero se trata de comparar concienzudamente lo que se ofrece en el mercado. No hay que dejarse influenciar por las actitudes prepotentes de muchas empresas extranjeras (transmitidas también por sus representantes en España), que acostumbran a minusvalorar gratuitamente los desarrollos españoles y latinos en general. En la feria de la IFLA en Barcelona pude comprobar esta actitud despreciativa hacia nuestros productos.

Actualmente la gente tiene ya muchos más criterios para evaluar los programas informáticos. Ya no es tan frecuente que se compre lo primero que se encuentra a través de un amiguete o porque la multinacional da comisión bajo mano, que de todo ha habido. En mi empresa he recibido profesionales que analizan minuciosamente los productos y que, por las preguntas que hacen, se nota que dominan los temas.

He vendido ya varias instalaciones y quien lo desee puede verlas y hablar con los profesionales que las manejan. Creo que Manega-Doc tiene muchas ventajas sobre los competidores.

¿Tantas?
– Cito algunas: búsqueda automática de sinónimos por explosión de los términos más específicos, implementación completa de Ibermarc, Catmarc y Usmarc, catalogación online, conversión rapidísima de formatos ISBD-MARC y viceversa, facilidades para hacer conversiones retrospectivas de catálogos, gestión de imágenes, uso de una sola pantalla para la catalogación MARC, 100% de los manuales Ibermarc y Catmarc online, con consulta asistida desde el punto donde nos encontremos (información sobre todas las etiquetas referidas en el MARC)… Sin embargo, repito, hay que verlo y comprobar la rapidez y la facilidad de uso. Y no sólo eso. Hay que ver la disponibilidad inmediata de personal técnico local capaz de resolver problemas y adaptar los programas exactamente a la medida. Las multinacionales están demasiado lejos y sus productos son demasiado “perfectos” para rebajarse a atender a los clientes españoles, si no hay ventas importantes de máquinas detrás de la operación.

Cuéntanos el “affair” VTLS. ¿Cómo se desarrollaron los hechos?
– Mira, es un tema que para mí es prácticamente agua pasada y casi preferiría no hablar ya más de esa pesadilla. Sin embargo creo que vale la pena que los lectores de IWE lo conozcan. Aunque negativa, es una historia ejemplar.

El primer contacto lo tuve a finales de 1991 a través de mi cliente la Fundación Tàpies de Barcelona, que me presentó a Ken Parson de VTLS (Virgina tech library system). Después de las ventas de la versión para gran ordenador a la red de bibliotecas de la Diputació de Barcelona y a las universidades catalanas, creíamos que Micro-VTLS era un buen producto y nos interesó representarlo.

Mandaron un técnico desde Virginia para hacernos una demostración, cosa que nos dio más confianza en su solvencia. Vimos enseguida bastantes deficiencias en el programa, que ellos anotaron, diciendo que se trataba aún de una versión beta y que mientras nosotros hiciéramos la promoción, ellos acabarían de pulir el programa.

Nos lo creímos y firmamos el contrato el 10 de abril de 1992.

Al cabo de dos meses habíamos hecho ya algunas ventas, pero aún no había llegado la prometida versión definitiva. Nos íbamos poniendo nerviosos porque estábamos ya incumpliendo los contratos.

Hicimos una lista de 100 puntos, entre los cuales describimos 17 defectos grandes, 15 importantes, 9 menores y diversas notas y sugerencias y la enviamos a VTLS por fax. No obtuvimos contestación. Tampoco había forma de obtener respuestas por teléfono. Hablamos en Barcelona con Ken Parson, quien corrigió las pequeñas faltas de inglés de la lista y envió el fax desde su misma oficina.

Esta vez sí obtuvimos contestación (Monràs nos enseña la carta), dándonos las gracias, reconociendo todos los puntos y diciendo que les habíamos enviado muy buenas ideas para futuras mejoras. De toda la lista, sólo corrigieron un punto, en una nueva versión que enviaron en septiembre de 1992.

En las semanas siguientes no obtuvimos ninguna noticia a pesar de nuestras reclamaciones y llamadas telefónicas, que nos ocasionaron facturas mensuales de 70.000 PTA.

Viendo la gravedad de la situación, con nuestros compromisos incumplidos, en noviembre me fui a Virginia. Hablé con el director de microinformática Deveron Milne, un incompetente (dice Monràs) y con el director de marketing Jack Bazuzi. Les pregunté qué pasaba y por qué me estaban hundiendo. Admitieron que tenía razón, que lo comprendían, pero que aún tardarían 4 ó 5 meses más en terminar el programa…!

En vistas de su incapacidad e ineficiencia, fui cogiendo confianza en hacer un programa yo mismo. En los dos días en que tuve que esperar que regresara de un viaje el director Vinod Charchra, y en el mismo hotel, con un micro 486 que me prestaron los de VTLS, me puse a programar un conversor de registros que, una vez terminado, funcionaba 260 veces más rápido que el suyo. Charchra ofreció comprármelo.

Llegué al convencimiento que la microinformática no era lo fuerte de VTLS.

De regreso a Barcelona, y con el fin de salvar los contratos de los clientes que teníamos, nos pusimos a desarrollar desde cero un programa de gestión de bibliotecas, partiendo de la normativa CatMarc. Durante semanas estuvimos trabajando y programando 10 horas diarias hasta que salió Manega-Doc, el cual nos permitió cumplir con los contratos. Tuvimos mucha suerte de que los clientes aceptaran nuestras explicaciones y mientras tanto esperaran pacientemente.

Como el 10 de abril de 1993 acababa el contrato que teníamos con VTLS, a mediados de diciembre de 1992 nos ofrecieron comercializar ellos nuestro programa. Les enviamos una versión de demostración, junto con comentarios e ideas para futuros desarrollos. En enero de 1993 nos visitaron Lena Issacson, directora de VTLS Europe (que luego se instalaría en Barcelona), y Vinod Charchra. Seguimos las conversaciones, en las que ellos mantenían su oferta de comercializar el programa, pero no lo veíamos nada claro: todo parecía ser una estrategia para que fuera pasando el tiempo y al final nosotros dimos por terminado el contrato, ya antes de que expirara.

Iniciamos los requerimientos notariales el 23 de abril y contratamos abogados para llevar a VTLS a los tribunales, pero luego hemos tenido que abandonar esta vía por falta de dinero. Se nos ha dicho que un proceso sería muy largo y costoso. Los jueces serían españoles, pero la jurisprudencia sería la norteamericana, lo cual significa hacer traducciones juradas, contratar abogados americanos, viajes, etc. Un veredicto podría tardar varios años y los costes fácilmente alcanzarían los 8 ó 10 M PTA…! Es mejor olvidarse y no perder más tiempo.

¿En qué situación está ahora Micro-VTLS?
– En junio de 1993 nosotros encargamos a la Facultad de Informática de Barcelona (de la UPC) una evaluación pericial. En ella se dice que el programa en esa fecha no cumplía las características anunciadas. Actualmente, noviembre de 1993, el programa no ha sido prácticamente mejorado. Pero bueno, para nosotros esto es ya otra historia. Mejor te contestaría diciendo: “Ni lo sé ni me importa”. Ahora el mejor favor que nos hacen es, precisamente, seguir igual. Después de todas las pérdidas, que son difíciles de evaluar pero que podrían cifrarse en 25 M PTA, y del fuerte desgaste psicológico, el aspecto positivo de todo esto es que ahora disponemos del Manega-Doc, que sinceramente creo que es un muy buen producto y muy competitivo.

Informàtica Sarrià. Frederic Monràs Vidiella.
Negrevernis, 24-28. 08034 Barcelona
Tel.: +34-3-204 70 05; fax: 204 72 03

Desmentido de VTLS
Como saben nuestros lectores, en IWE tratamos de ofrecer informaciones lo más contrastadas posible. Después de mantener contacto con Frederic Monràs hemos entrevistado en dos ocasiones a personal de VTLS, empresa que desautoriza el informe técnico sobre la versión del programa para entorno MS-DOS. A continuación transcribimos, traducido, parte del comunicado redactado para IWE por la empresa de Virginia.

VTLS tiene más de 80 usuarios que actualmente usan el software Micro-VTLS para el funcionamiento día a día de sus bibliotecas. Además, en los últimos 30 días VTLS ha añadido más de 10 nuevos usuarios a esta lista.
Esta evaluación (*) se basa en una copia ilegal y no autorizada del software, y ciertamente no es el software que VTLS distribuye actualmente a sus clientes con licencia”.

(*) N. de la R.: Se refiere a la realizada por la UPC a petición de Adda.

Ante las contradictorias manifestaciones de ambas partes, ofrecimos a VTLS nuestra colaboración para analizar el producto en su estado actual. El personal de VTLS se comprometió a enviar una copia de evaluación a la redacción de IWE.

Pasados varios meses, no hemos recibido dicha copia. Hubiéramos agradecido más formalidad por parte de VTLS. Una vez más se demuestra que no somos los latinos los únicos “informales” del mundo desarrollado.

En cuanto recibamos la aplicación, IWE ofrecerá a los lectores las conclusiones que se deriven del análisis.

VTLS.  Diputación, 279 – 3ª pl. 08007 Barcelona
Tel.: +34-3-487 19 87; fax: 487 55 96

Esta información se publicó en la revista Information World en Español (IWE), n. 20, diciembre de 1993 – enero de 1994, p. 18-20.